Bioética pedátrica

Para el adecuado tratamiento del niño por parte del personal médico y paramédico, se crearon en muchos países las disciplinas de pediatría social, pediatría integral y más recientemente medicina del adolescente. Todas ellas con gran contenido de ética, moral, derechos humanos, psicología del desarrollo, conducta infantil, familia y sociedad, sin olvidar claro están de un actualizado y completo conocimiento científico sobre la salud y las enfermedades de los niños y adolescentes. La práctica de la medicina significa para el profesional, él deber de desplegar una actividad técnicamente perfecta y someterse a la disciplina ética de su profesión. Si esto se lleva al campo de la pediatría, donde el enfermo o paciente se trata de un niño, un ser evolutivamente en desarrollo, con una inmadurez física y emocional, permeable a las influencias externas (familia, sociedad y cultura), la práctica de la medicina adquiere entonces mayor relevancia y cuidado.

La pediatría actual ha sufrido cambios significativos, adaptándose a los nuevos tiempos, en los cuales, el niño o adolescente pasó de ser un ente pasivo a un ente activo de la consulta, donde se les ha involucrado en el proceso de la recuperación de la salud y prevención de enfermedades, así como se les ha tomado en cuenta su opinión en la aplicación de los tratamientos e intervenciones médico-quirúrgicas, esto constituye el consentimiento informado en pediatría (asentimiento del menor + permiso informado de los padres). Aun cuando los criterios concernientes a los pacientes adultos sirven de base conceptual, el grado de desarrollo cognitivo y psicosocial del niño debe tenerse en consideración con respecto a las decisiones y acciones que se lleven a cabo sobre él. En la toma de decisiones, los padres ocupan un lugar central. Los medios modernos para sustentar la vida de niños críticamente enfermos han suscitado controversias acerca de los límites de su aplicación y fundamentos morales.

Las pruebas de genética molecular en el recién nacido, el desarrollo tecnológico sin precedentes en el campo específico de los Cuidados Intensivos, con la creación de sofisticadas técnicas de diagnóstico y tratamiento, que han permitido resolver situaciones patológicas que años antes hubiera sido imposible de imaginar, hacen difícil en ocasiones la toma de decisiones. Hasta hace pocos años, la disfunción severa de al menos un órgano vital, llevaba irremediablemente a la muerte. Hoy se cuenta con recursos capaces de revertir muchos procesos patológicos, aun después de ocurrir la falla severa de uno o varios órganos vitales. Esto ha permitido cambiar el curso de muchas enfermedades, aumentando la sobrevida, y mejorando la calidad de vida. Las decisiones en Medicina Intensiva se caracterizan por su urgencia, su contextualidad (determinada por un caso específico y concreto), su agresividad, sopesando siempre el riesgo / beneficio, y la incertidumbre pronostica existente en muchos casos. El no contar con elementos objetivos para el establecimiento del pronóstico certero, hace que en estos casos, el límite entre la beneficencia y la no maleficencia sea tenue, impreciso, variable dependiendo del enfoque valórico que se le pueda aplicar. El considerar el valor de la vida como valor principal, orientará al mantenimiento de todas las medidas, sin otras consideraciones.

Cada vez y con mayor frecuencia surge la interrogante de sí el niño está capacitado para comprender las consecuencias de sus decisiones, ¿podrá consentir o incluso negarse a los tratamientos médicos? Este debate se ha reavivado en los últimos 20 años, ya que en muchos países existe una clara tendencia a tomar más en consideración la capacidad del menor para decidir. La Declaración Internacional de los Derechos del niño promulga el derecho que tienen a su autodeterminación, dignidad y respeto, así como a tomar decisiones fundamentadas, situación apoyada por la Carta Europea sobre los niños hospitalizados, la cual señala que niños y padres tienen derecho a participar con conocimiento de causa en todas las decisiones relativas a la atención de su salud, y enfatiza que todo niño debe ser protegido de tratamientos y estudios innecesarios. La cuestión esencial es saber si los menores tienen la capacidad de tomar decisiones.