Adicciones en las mujeres

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Claro está: las drogas atacan al ser humano sin distinción de sexo procedencia o religión. Más la mujer tiene ciertos rasgos tanto fisiológicos como de personalidad, que la hacen ser más propensa al abuso de éstas sustancias, y más aún, la recuperación puede tomar más tiempo.

Existen diferencias físicas innegables entre la mujer y el hombre, como el tamaño corporal, la concentración de lípidos, las diferencias endocrinológicas, el ciclo menstrual, todos factores condicionantes en lo que se refiere al uso y el efecto de los fármacos.

La mujer tiene un 25 por ciento más de células grasas que el hombre, además que su cuerpo contiene menos agua. Por ello, las drogas penetran más rápido y se adhieren más fácil a los tejidos grasos del organismo, los que sirven de catalizador, entonces las posibilidades de ‘instalarse’ en el cuerpo de una mujer son más eficientes para la droga, y la adicción se desarrolla más rápido. Consecuente a esto, la desintoxicación es más lenta y difícil en el cuerpo femenino. Otra razón es el estigma social: la mujer sufre más que el hombre, le cuesta más pedir ayuda debido a las presiones sociales y el rol que se le adjudica de forma inherente. A lo anterior se suma un falso sentimiento de protección hacia la mujer que evita dar el diagnóstico de dependencia, creando un círculo de silencio a su alrededor que retarda la posibilidad de indicar un tratamiento adecuado.

Factores de riesgo
Mayor vulnerabilidad física al alcohol y las drogas: El proceso de metabolización del alcohol hace que ellas se embriaguen más rápido. Otras investigaciones reportadas por el Instituto Nacional sobre Drogas de Estados Unidos refieren que los niveles más altos de cocaína en la mujer pueden tener como resultado una conducta de búsqueda más intensa al consumo de drogas, específicamente la cocaína y hacer más difícil que las mujeres que están bajo tratamiento dejen de consumir.

Problemas en el autoestima: bajo nivel de autoconcepto: esto tiene que ver con la percepción física y el valor que las mujeres le dan a su cuerpo, un bajo autoconcepto puede traer inclusive problemas de anorexia y bulimia que se presenta como un problema más unido al consumo de alcohol y drogas.

Relaciones adictivas – Codependencia
Un número importante de mujeres han desarrollado problemas de abuso de sustancias psicoactivas por acompañar a sus parejas, o con la fantasía de que, consumiendo juntos consumirá menos y se harán menos daños o la pareja dejará de consumir, porque no desean que ella consuma. Muchas mujeres tienden a establecer y perdurar en relaciones afectivas en las cuales predomina el sufrimiento, el sometimiento, la falta de reciprocidad y se vuelven codependientes de la relación. Lo real es que este factor tiene un correlato en la forma de crianza o lo que ha podido observar de la familia y en especial de la madre cuando niña o adolescente, ya que probablemente, el padre o hermano haya sido consumidor y la madre codependiente.

Acoso o abuso sexual
Muchas mujeres que consumen drogas manifiestan haber sido víctimas de acoso o abuso sexual, inclusive de violaciones por parte de un familiar cercano que puede ser el padre, o algún otro miembro de la familia. Se automedican para aliviar los sentimientos de ansiedad, culpa, miedo y cólera que son resultado de la violencia.

Aceptación al sentimiento de rabia
Los sentimientos de rabia en las mujeres, por lo general, no encuentran legitimación social necesaria para su clara percepción y su expresión. Esto conlleva a múltiples formas caprichosas inconsistentes y desproporcionadas de existencia de este sentimiento en la subjetividad femenina, tales como: la inhibición, que a su vez conlleva la restricción social, y la represión que conduce a somatizaciones y a la autoagresión.